Joaquim Nadal i Farreras

PAGAR O NO PAGAR, ESA ES LA CUESTIÓN

Conferència pronuciada a l'”Encuentro ASETA 2012″, en el marc de la  Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Santander, 25 de juny de 2012

Nada en la vida es gratis. Nada salvo la propia vida y la muerte. Y aun, vida y muerte son gratuitas porque sobrevienen de forma involuntaria pero conllevan una y otra sus propios costes.

El equívoco sobre la gratuidad de los servicios públicos se sustenta en la idea que los derechos básicos de la colectividad son derechos asumidos en el núcleo del estado de derecho (lo público). Pero precisamente, el conjunto de servicios y prestaciones que otorga el Estado a la ciudadanía procede de la propia contribución de los ciudadanos al erario público en proporciones variables

Nada es gratis porque precisamente todo cuanto asumimos libremente sin coste ha sido costeado previamente con el dinero de todos. Nos encontramos, pues, ante la paradoja que no sólo aportamos proporcionalmente nuestro dinero al Estado para que desarrolle prestaciones universales y gratuitas sino que además sufragamos aquellos servicios que no se usan universalmente.

La pregunta puede sonar políticamente incorrecta y además impertinente. Pero es del todo pertinente. ¿Debemos pagar entre todos los servicios que sólo usan algunos?

¿Es un mecanismo justo y equilibrador que con el dinero de todos se financien servicios que no son imprescindibles y que tienen características de altas prestaciones?

En el polo opuesto, las preguntas también retumban de forma machacona. Al amparo de la prestación de servicios por cuenta del Estado, ¿cuál es el horizonte razonable de retribución del capital invertido y de la rentabilidad de la actividad? El equilibrio financiero de estas prestaciones, ¿es una garantía sólo con serlo tiene un techo? Debe equilibrarse por ingresos insuficientes, pero ¿no existe tope para el negocio si los ingresos se disparan?

Finalmente en la dialéctica entre el todo es gratis y el pagar por uso, o por prestación, con subvenciones parciales (como en el caso del transporte público), ¿cómo incide el contexto de crisis y la percepción de un malestar creciente por cargas que de forma objetiva o subjetiva se consideran injustas?

Según mi criterio si trasladamos al terreno concreto de las autopistas la tensión dialéctica entre pagar y no pagar, deberíamos todos convenir que en el futuro la escasez de recursos nos obligará, imperiosamente, a pagar por uso. Es decir, sustraer del pago generalizado y colectivo aquellos servicios que por razón de su naturaleza sólo utilizase unos cuantos.

Generalizar el pago en autovías y autopistas de altas prestaciones [el peaje] y garantizar una red pública alternativa basada en la capilaridad y la movilidad recurrente. Generalizar la euroviñeta, y establecer mecanismos de compensación que excluyan de las arcas del Estado el gravamen de las inversiones y del mantenimiento de estas vías de altas prestaciones.

Sentado el principio es evidente que la dialéctica excluyente entre los que pagan y los que no pagan requiere una corrección inmediata en el sentido de la homogeneización. Un mapa equilibrado haría más asumible y en consecuencia más justo el conjunto del sistema. No sólo eso sino que la actual irracionalidad del mapa de las inversiones en infraestructuras corregiría alguna de sus debilidades y obtendría unos ingresos que serían un paliativo eficaz a la actual penuria de recursos financieros para inversiones. Pagar para tener y disfrutar, pagar para mantener, pagar para ahorrar e invertir.

La percepción ciudadana de la injusticia, la raíz de la protesta reside en un conjunto de agravios acumulados históricamente y en un conjunto de equívocos difundidos de forma errónea pero quizás interesada.

A los ojos de los ciudadanos con sus economías en crisis, con ingresos menguantes y con recortes acelerados de derechos, el anuncio reiterado de grandes beneficios de las concesionarias interpela conciencias propicias a la rebelión. A la insumisión.

Desequilibrio, falta de homogeneización, agravio histórico, dialéctica público-privada, reiteración abusiva de fórmulas de alargamiento de la concesión como recurso, se combinan para formar una mezcla inestable y cada vez más explosiva.

Los interrogantes sin respuesta alimentan el equívoco.

¿Cuál es la naturaleza del negocio de las empresas concesionarias?

Los resultados ante las juntas generales de accionistas ¿qué componentes integran?

¿Cómo se financian las inversiones de carácter internacional? (de otra gama de negocios o de la misma)

¿Cuál es la dimensión y naturaleza de la deuda de las sociedades concesionarias o de sus holdings matrices?

¿Cuál es la relación entre inversión y rentabilidad? ¿Cuál la relación entre inversión, amortización y retribución contractual?

¿Dónde radica la legitimidad del negocio concesional?

¿Se puede afirmar con los datos generales que conocemos que las autopistas de peaje han sido pagadas varias veces? O ¿esta afirmación comporta una simplificación excesiva no exenta de elementos demagógicos? (uno de los argumentos de los antipeajes).

Si ante resultados inciertos, geográficamente desiguales, el Estado acudió al rescate, ¿de qué modo se gratifica en términos de resarcimiento financiero esta intervención?

En la historia de las autopistas de peaje en España, ¿cuál ha sido la interacción entre recursos públicos de carácter presupuestario y recursos privados en busca de una rentabilidad?

En algunos casos, la voluntad de generar equívocos, que deberían ser sistemáticamente y concienzudamente desarmados, alcanza abusivamente a formas de endeudamiento de la propia administración. Equiparar los peajes en la sombra a los peajes explícitos contramina a un tiempo el debate de la deuda (el endeudamiento de las administraciones públicas) y el debate de la saturación social de costes añadidos, entre otros, los peajes.

Es evidente que hay un cúmulo concatenado de causas que justifican sobradamente la queja, la protesta y la insumisión. Pero la reacción elemental “no quiero pagar” incorpora no pocas dosis de queja alimentada todavía por el “síndrome de la abundancia”. Focalizar en los peajes de las autopistas el sentimiento de indignación por el coste creciente de los servicios públicos tiene algo de excluyente y elitista.

¿Preferimos quejarnos por los peajes que por el copago sanitario? O ¿otorgamos más impacto a la queja por los peajes que al malestar por el incremento incesante y el déficit inaguantable del transporte público?

La queja elemental es eficaz y directa, pero el objeto de la movilización carece de las características de un alcance sistemático y colectivo.

La prueba más fehaciente de que no existe nada gratis en la vida la tenemos en los mecanismos utilizados de bonificación y gratuidad. La debilidad de los gobiernos, la faceta de fortaleza y coraje, la respuesta fácil a la protesta reiterada ha sido siempre la de la corrección populista. Todos los tramos gratuitos anticipadamente han sido compensados a las concesionarias con recursos presupuestarios.

Hemos pagado entre todos la renuncia de unos cuantos aunque sean en las áreas metropolitanas muchos miles.

Pero tensar la cuerda sólo por el lado del sector público ha tocado finalmente techo. Hemos descubierto, por fin, que los recursos del Estado no son ilimitados. ¿Pagar rescates, bonificar, trayectos, seleccionar peajes bonificados? Meros paliativos para un problema que hoy ya no tiene solución por la vía clásica.

Si arrecia la protesta y los gobiernos no reaccionan, el problema deviene un callejón sin salida por primera vez. No hay dinero y no hay capacidad de aguante social para plantear nuevos alargamientos de las concesionarias a cambio de nuevos tramos de gratuidad.

Hoy la solución ya sólo puede llegar por la vía de un cambio de modelo.

–          Euroviñeta

–          Pagar por uso en la red de gran capacidad

–          Homogeneizar y equilibrar peajes en las vías rápidas

–          Compensar el agravio de anticipación

–          Hacer pedagogía para el mantenimiento de peajes blandos de conservación y explotación para el momento del vencimiento de las concesiones.

–          Asegurar que las políticas de movilidad generan su propio flujo de ingresos y permiten abordar la problemática en su globalidad.

–          Garantizar la revisión y auditoria de todos los contratos de concesión.

–          Revisar el principio de equilibrio financiero de la concesión.

–          Compensar con cuotas de solidaridad ante la crisis por parte de las concesionarias, a cuenta de contención en los beneficios, las bonificaciones que se estimen perentoriamente justas.

–          Priorizar las inversiones futuras con criterios de rentabilidad por uso.

–          Integrar en el imaginario colectivo que la red de autopistas de peaje, si fuese gratuita, añadiría a las obligaciones del Estado un coste insostenible.

Hoy, en Catalunya, más que en ninguna otra parte de España sólo valentía y el coraje de los gobernantes, una explicación razonable y creíble del contexto, y la generosidad de las concesionarias puede modificar un clima enrarecido y perverso.

He publicado en la prensa de Catalunya cinco artículos sobre la cuestión:

  1. “El greuge incessant”, El Punt Avui, 24.3.2012. Contra el intento de compensar, en Catalunya, las pérdida de las radiales de Madrid. Primera alarma gratuita.
  2. “Jo tampoc no vull pagar”, El Punt Avui, 5.5.2012. Si todo es gratis que nadie pague nada.
  3. “La guerra dels peatges”, El Punt Avui, 2.6.2012. Contra la idea insolvente que no hay que pagar y contra la idea insolidaria de la perpetuación del agravio.
  4. “L’ombra allargada dels peatges”, El Punt Avui, 16.6.2012. Contra la equiparación de peaje explícito y peaje en la sombra. Y a favor de recordar todos los métodos  de inversión aplazada (endeudamiento) que han utilizado las administraciones.
  5. “El tercer carril i la variant”, Diari de Girona, 22.6.2012. A favor de las inversiones privadas y su repercusión en servicios públicos, (caso de Girona).

Para concluir:

1.       Deshacer los agravios

1.1. Compensar los territorios que siguen sin disponer de una red alternativa libre de peaje.

1.2. Deflactar el efecto del agravio acumulativo por anticipación. Corregir el hecho que pagar más y desde hace más tiempo quien antes tuvo un sistema propio de autopista.

1.3. Homogeneizar desde ahora. Buscar el equilibrio del modelo. Introducir criterios de racionalidad, priorización, conservación, sostenibilidad y financiación de la inversión.

1.4. Bonificar, rectificar, modificar a la baja los peajes más injustos. Completar las alternativas (libres de peaje), restablecer y restituir sin coste las bonificaciones que han sido suprimidas como consecuencias de ajustes presupuestarios de las administraciones.

2.       Disipar los equívocos

2.1. Explicar con simplicidad la trayectoria del negocio concesional, la intervención en la crisis de los recursos públicos, el restablecimiento del sistema.

2.2. Explicar con rigor y simplicidad la naturaleza del negoción. Concesión a concesión.

2.3. Disipar dudad sobre la amortización de la inversión y los costes. Delimitar la áreas de negocio y singularizar el beneficio del negocio concesional.

2.4. Separar metodológicamente los sistemas de pago por uso de los de pago aplazado con, directamente, recursos presupuestarios.

2.5. Establecer un horizonte razonable de finalización de las actuales concesiones y de inicio de nuevas fórmulas de pago por uso.

2.6. Revisar uno por uno los contratos de concesión a la luz del nuevo contexto de crisis.

En definitiva:

Nada es gratis

La gratuidad empobrece

La avaricia rompe el saco.

  1. Todo se paga con el dinero de todos.
  2. La gratuidad de determinados servicios públicos empobrece al Estado, limita la generación de ingresos y depaupera la sostenibilidad del sistema.
  3. Es mejor pagar por uso, reconocer la finitud de los recursos y alimentan la generación de riqueza.
  4. Pero si reconocemos que ni 1, ni 2 son convenientes, y que debemos hacer pedagogía para el 3, nadie debería olvidar que en el imaginario colectivo tensar la cuerda, arriesgar la cohesión es el anuncio de que la avaricia rompe el saco.
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5 Juliol 2012 Posted by | Conferències, INTERVENCIONS | , , , , | Comentaris tancats a PAGAR O NO PAGAR, ESA ES LA CUESTIÓN