Joaquim Nadal i Farreras

AEROPUERTOS DE CATALUNYA. LA TERMINAL 1 ABRE EL PROCESO DE CAMBIOS

La Vanguardia. Suplement “T-1 Comercial”

La política en materia de aeropuertos del Gobierno de la Generalitat se inscribe en el marco más general del Plan de Infraestructuras del Transporte de Catalunya, que incluye el Plan de Infraestructuras del Transporte Terrestre, el Plan de Puertos y el Plan de aeropuertos y helipuertos de Catalunya, todos ellos aprobados por el Gobierno.

Existe, pues, una manifiesta voluntad planificadora que entronca con la misma tradición que se ha ido forjando en Catalunya por impulsos sucesivos y también con tropiezos, desde los grandes trabajos desplegados por la Mancomunitat de Catalunya y, posteriormente incorporados por los diversos gobiernos republicanos de la Generalitat de Catalunya, así como los de la Generalitat restaurada.

Si bien es cierto que el ritmo de los cambios y de la modernización de los sistemas de transporte y los problemas de la movilidad han evolucionado de forma vertiginosa en los últimos años, no es menos cierto que una cierta referencia a los antecedentes históricos nos permite constatar el carácter modernizador y  anticipado de la Administración en varios momentos de nuestra historia contemporánea.

Partiendo de aquella tradición ahora hay que marcar la pauta de futuro para los próximos casi veinte años que quedan hasta 2026, período de vigencia del Plan matriz y de todos los planes sectoriales.

Una vez señalado que existe un marco general de referencia y una tradición de la que parte la política de infraestructuras del Gobierno de la Generalitat, debemos concentrarnos específicamente en la política aeroportuaria de la Generalitat. Sus fundamentos principales, amparados en el Estatut de 2006, son el Pla de aeropuertos y helipuertos de Catalunya (aprobado el 20 de enero de 2009), la empresa Aeroports públics de Catalunya (creada por el Gobierno el 25 de septiembre de 2007) y la Ley de aeropuertos de Catalunya en avanzada tramitación por parte del Parlament de Catalunya.

En este trípode se apoya una propuesta globalizadora, integradora y minuciosa en el despliegue territorial de las redes y de las infraestructuras.

Esto significa que el Gobierno se plantea, de una forma jerarquizada, un sistema aeroportuario que, pivotando alrededor de la oferta esencial del Aeropuerto de Barcelona – El Prat, contemple una red de aeropuertos, aeródromos y helipuertos con vocación de cubrir todo el territorio. En este sistema tienen un papel relevante los actuales aeropuertos de Girona, Reus y Sabadell, y se sumarán los de Lleida – Alguaire y La Seu d’Urgell este mismo año, el último en una fase muy incipiente. Y como futuras instalaciones se prevén un aeropuerto en las Terres de l’Ebre y el nuevo aeropuerto corporativo, que ha sido objeto de un concurso por parte del Gobierno de la Generalitat para recibir propuestas y ofertas del territorio y del entramado institucional. Completamos el modelo de instalaciones diversas, de presente y de futuro que si englobamos los helipuertos dan respuesta suficiente a los parámetros hoy establecidos en los países más competitivos para la navegación aérea.

Huelga decir que no es suficiente con la propuesta territorial y geográfica de los equipamientos y que el marco competencial, el sistema de gestión y el modelo aeroportuario en su conjunto son piezas determinantes de la propuesta de la Generalitat.

En este terreno, el criterio del Gobierno de Catalunya es muy claro al reconocer, sin ningún tipo de duda, que los aspectos competenciales hoy en expectativa de transferencia se refieren a la gestión aeroportuaria, pero no incluyen los aspectos de la navegación aérea que se reserva Aena y que encajan con competencias concentradas en la Unión Europea. Sobre esta base, el Gobierno de la Generalitat aspira a participar en la gestión del Aeropuerto de Barcelona – El Prat a través de un consorcio en el que Catalunya tenga un papel determinante y pueda impulsar políticas comerciales de captación de nuevas rutas, nuevos mercados y nuevas compañías, afinando al máximo el aprovechamiento de las potencialidades que otorgará la nueva terminal T-1, así como la futura terminal satélite.  En este sentido, el futuro papel de Aena es una cuestión muy relevante que no encajaría en los propósitos del Gobierno de Catalunya si se tratase de una privatización plena desde la actual estructura fuertemente centralizada. En el caso de una privatización parcial, el peso de los nuevos gestores privados que, eventualmente tuviese que tener la nueva compañía, deberían completarse con el peso de los gobiernos locales y autonómicos y con el peso relevante de las corporaciones de derecho público que como las cámaras de comercio representan también al sector privado.

En el caso de los demás aeropuertos, el Gobierno aspira a su desclasificación como aeropuertos de interés general y a que sean transferidos al Gobierno de la Generalitat para que los pueda integrar directamente en el modelo de gestión definido en la nueva Ley, y según el cual a cada aeropuerto corresponde una sociedad de gestión participada en el 51% por Aeroports de Catalunya y en el 49% restante por gobiernos locales  y entidades privadas. Alguien puede pensar que esta circunstancia reproduce a escala catalana modelos ya conocidos. Pero para desmentir cualquier duda conviene dejar claro que si a cada aeropuerto le corresponde ya una sociedad propia, ampliamente participada por el sector privado e institucional, cabe perfectamente un modelo de gestión, caso por caso, que admite todas las fórmulas posibles y también las de la gestión total o parcial, completa o fragmentada, por parte de compañías concesionarias especializadas que completarían así el nuevo esquema propuesto. Y que además complementarían el carácter básico de servicio estratégico para la economía de Catalunya con la condición de negocio entendido como actividad lucrativa que debe dar resultados positivos para demostrar su viabilidad.

Sin discutir las competencias de navegación aérea, sin cuestionar la titularidad y la propiedad pública de las instalaciones por su carácter estratégico, se abre un amplio abanico de posibilidades que desmienten todos los dogmatismos vigentes hasta ahora en materia de gestión aeroportuaria.

La inminencia de algunos acontecimientos de singular importancia, la inauguración de la T-1 a gran escala (mundial), la inauguración del aeropuerto de Lleida – Alguaire, o la concesión del aeropuerto corporativo son los primeros elementos de un proceso de cambio que dispone de los elementos para llegar a ser una potente realidad en un futuro al alcance de la mano.

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16 Juny 2009 - Posted by | ARTICLES D'OPINIÓ, La Vanguardia | , , ,

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