Joaquim Nadal i Farreras

SALAMANCA

Levante

Publicat també a Diari de Girona del 27 de gener, a La Opinión el 29 , a Diario de Mallorca el 30 i a Tribuna Información el 31.

Soy de una generación que se reconcilió con Castilla a través de la literatura. Mirábamos de adolescentes, con distancia e indiferencia, algunos territorios de España. Nos costaba entusiasmarnos con Andalucía y nos entristecía una cierta desolación del paisaje de les grandes llanuras de Castilla. No era ningún tipo de rechazo. Más bien, mirábamos con más facilidad hacia Francia y más adelante hacia Inglaterra que hacia el interior de la Península. A menudo liquidábamos también todas las partes del conjunto con una cierta reticencia generalizadora aplicada a Madrid y, por extensión, a todos los restantes territorios. Indiferencia como sentimiento y rechazo hacia las actitudes centralistas y excluyentes.

De golpe, en el Bachillerato, descubrimos que todo era mucho más rico, más plural, mucho más diverso y enriquecedor que el estereotipo dominante que no encajaba con la realidad. El distanciamiento crítico y regeneracionista, según los casos, de la generación del 98 y de los pensadores y escritores de esta época nos reconciliaba con un mundo que inicialmente habíamos pensado que nos era negado. Descubrimos la fuerza de la literatura de esta época y del siglo de oro, descubrimos el sentido y la profundidad de la novela picaresca, vibramos con la ironía o la crítica mordaz de Quevedo, nos emocionamos con los místicos, valoramos las contradicciones de una sociedad que lo tuvo y lo perdió casi todo. El sentido y la importancia del imperio nos aparecía así más nítida. El Escorial adquiría una carga explicativa que, de otra forma, no habríamos sabido ver. La huella del erasmismo, el papel de los «alumbados» y «comuneros» dotava de perfiles nuevos una geografía que inicialmente se nos había hecho hostil. La magnificencia de los palacios, de los castillos y de las iglesias y los conventos aparecía en nuestros ojos ávidos como un patrimonio histórico artístico de gran envergadura. De raíces antiguas, de poso importante.

Por este camino descubrimos una nueva estética. La de los «campos» de Castilla, la de los arcos de San Juan de Duero, la de la torre del Gallo. Una nueva lectura de la historia la de Clunia, la de las raíces romanas de las ciudades, las carreteras y los. La de un románico de matriz diferente, pero de raíces culturales inequívocamente comunes. Nos emocionamos con el ciprés de Silos.

Por este camino admiramos y quisimos a Salamanca. El rio, el puente, la Casa de las Conchas, la Universidad, la cátedra de Fray Luis de León, el papel de Unamuno rector. Vibrábamos con la efervescencia universitaria de una ciudad castellana que nos caía muy lejos, pero que sentíamos muy cercana. Muchos hemos hecho una y otra vez el recorrido, incluso el peregrinaje. Hemos peregrinado por Castilla. Con ojos iluminados de la Mediterránea hemos ido a buscar también la paz y la serenidad de las grandes extensiones de los campos de trigo ondulados por el viento. Hemos observado después una y cien veces este paisaje desde el avión.

Y cuando hemos entrado en el corazón de estas ciudades, de estas sociedades, cuando hemos visto el impacto de los gobiernos locales y de la democracia, cuando hemos visto el auditorio de Salamanca, la vieja y la nueva arquitectura, la gran plaza y los nuevos ensanches, los viejos y los nuevos hoteles, los equipamientos de centralidad en el centro histórico, hemos visto intensamente un proceso de acercamiento y hermanamiento.

Escribo eso a media tarde del día que la Audiencia Nacional ha dicho que los papeles de la Generalitat depositados en el Archivo de la Guerra Civil de Salamanca y retenidos en Madrid podían venir hacia Catalunya. Me he sentido reconfortado y en paz conmigo mismo. He pensado que se hacía justicia, que se reparaba un disparate histórico. Un disparate con el que nada tiene que ver el pueblo de Salamanca y sus instituciones. El disparate fue la Guerra y sus consecuencias.

Ahora se repara con una cierta naturalidad forzada un agravio histórico. Los documentos institucionales del Gobierno de la Generalitat vuelven al Gobierno de la Generalitat e irán directamente al Archivo Nacional de Catalunya. Si los partidos y los sindicatos han recuperado su patrimonio, si los militares de la República han visto reconocidos sus derechos, si tantas cosas más en el camino de la necesaria reconciliación, ¿cómo es que no podían regresar a Catalunya los documentos de la única institución de la época de la República reestablecida antes incluso que la misma Constitución de 1978? ¿Si se había reestablecido la Generalitat, por qué no habían de regresar los papeles? ¿Qué extraño mecanismo rompía la lógica elemental, la racionalidad absoluta de esta petición que con tanta tenacidad ha hecho la Comisión de la Dignidad?

Y, sobre todo, costaban de entender los argumentos que hablaban de la unidad del archivo, del riesgo de dispersión para el acceso de los investigadores. Retornado el patrimonio, ¿no queda claro para todos que todos tendrán acceso a estos documentos y que se podrá hacer en Sant Cugat (Barcelona) con los originales o en Salamanca con las copias digitalizadas? Si esto es así, que lo es, bienvenidos sean los papeles, porque es lo que corresponde.

Y demos las gracias al esforzado pueblo de Salamanca que los ha guardado y velado durante sesenta años, demos las gracias a todas las personas e instituciones que han creído en el derecho de la devolución y han sufrido desgaste y, en algunos casos, injuria por haberlo defendido. Demos también las gracias a aquellos que inicialmente no lo veían claro y finalmente fueron ejecutores principalísimos de la voluntad del Gobierno y del pueblo a través del cumplimiento de una ley.

Con los papeles en casa y las conciencias tranquilas, hoy mismo hay puentes nuevos que construir para descubrir toda la seducción de una ciudad que tiene una densidad cultural de tal nivel que no echará en falta ni un solo instante estos papeles. Todo lo contrario. Sabrá vivir y ver el sentido de la justicia histórica, de la reparación histórica, de la fidelidad a la memoria histórica y sabrá encontrar en este hecho la mejor expresión de su profunda personalidad.

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28 gener 2006 - Posted by | Altres, ARTICLES D'OPINIÓ | , , , ,

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