Joaquim Nadal i Farreras

CONTRICIÓN Y PENITENCIA

El País

Tal como se ha desarrollado el contenido, la escenificación, la conclusión y el epílogo del debate sobre la política de prevención y extinción de incendios en el Parlament, Jordi Pujol, el Presidente de la Generalitat debe una reparación a los ciudadanos de Cataluña.

Todos los ciudadanos se han hecho acreedores a esta reparación después de semanas de ver actuar al President con un desprecio radical hacia las opiniones y las críticas que se han formulado a su Gobierno a raíz de los incendios forestales de este verano.

Ha sido un proceso por saturación. Al filo de una sensibilidad ciudadana muy a flor de piel, Jordi Pujol nos ha obsequiado con descalificaciones globales (los que critican sólo han visto el bosque desde una tertulia de café, la oposición no tiene ni las nociones más elementales sobre extinción de incendios) o con rudezas muy propias (las críticas me resbalan).

Lo cierto es que el debate tuvo calado, que la mayoría de opiniones expresadas por la oposición aportaron un diagnóstico contundente sobre los fallos que se produjeron en la política de prevención y extinción de incendios y que la totalidad de las propuestas contenían criterios racionales y razonables que hubiese sido un gesto de ejemplaridad manifiesta, recoger y aprobar.

La presencia intermitente de Jordi Pujol en el hemiciclo, sus salidas nerviosas, alguna reacción intemperante, las declaraciones entre bastidores y en los pasillos atestiguan el tono certero de las críticas.

Puede que en el cénit del desprestigio de la política parlamentaria al que ha contribuído decisivamente un uso indiscriminado de la mayoría absoluta, la apuesta de Pujol y su gobierno fuese cerrar filas y hacer oídos sordos a la opinión matizada de los grupos parlamentarios de la oposición.

Éstos, a veces, se enzarzan en discusiones bizantinas, descalificaciones de tono menor, batallitas sin importancia. Pero en esta ocasión dieron en el clavo. Acertaron en el tono y en las propuestas. Pusieron al descubierto la endeblez de todo un sistema.

Raimon Obiols fue en este sentido concluyente. El peso del gobierno es el propio president y fue él quien consintió, al amparo de las estadísticas eufóricas de los últimos años, desactivar los principales resortes de prevención y la dotación actualizada de los equipos de extinción.

Por ahí duele. Sin duda porque en esta ocasión se supo transmitir el sentir y el pensar de la calle, de los ciudadanos. En esta ocasión la oposición no vivió secuestrada en el Parlament lejos de la realidad. Ante tanta evidencia el gobierno secuestró la información. Jordi Pujol sabe que esta vez la oposición le decía lo que le confirmaba su olfato: campesinos, propietarios, bomberos, voluntarios, coincidían con los argumentos de sus opositores. El contenido de las críticas en el Parlament coincidía con la correspondencia directa de los afectados con Jordi Pujol.

Por esto no vale el acto de contrición realizado en el Consell Nacional del domingo. Salvaguardada la imagen de los titulares se pide perdón con sordina. Es inaceptable. El perdón hay que pedirlo a Cataluña entera.

Esta vez la penitencia es inapelable. Pedir perdón a los ciudadanos de Cataluña pasa por corregir errores pasados en el Parlament. Es una exigencia que se sitúa en la raíz misma del sistema democrático. Pero si no hay contrición y arrepentimiento ante quien es debido, el pecado es mucho mayor.

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27 Setembre 1994 Posted by | ARTICLES D'OPINIÓ, El País | , , , | Comentaris tancats a CONTRICIÓN Y PENITENCIA