Joaquim Nadal i Farreras

RÉPLICA A MIGUEL HERRERO

La Vanguardia

Publicat també a Catalunya Municipal, revista de la Federació de Municipis de Catalunya, l’11 de setembre de 1992  i a Local, revista de la Federación Española de Municipios y Provincias en el núm. 31 del mes d’octubre de 1992

Cómodamente instalado en su cátedra vitalicia de “padre de la patria”, Miguel Herrero de Miñón dedica por partida doble -en los cursos de La Granda y en La Vanguardia (23.8.92)- a los municipios una larga lista de despropósitos.

A pesar de la ligereza e inconsistencia de los argumentos no parece razonable dejar sin una cumplida réplica este intento, poco diestro, de desprestigiar el mundo municipal.

En síntesis y ateniéndonos al contenido del artículo de La Vanguardia, Miguel Herrero viene a decir que conviene sustraer rápidamente a los municipios las competencias urbanísticas. La propuesta se justifica en muy diversas afirmaciones: que la libertad y la democracia no se cuecen en el municipio sinó que los dispensa el Estado, que el número excesivo de municipios y responsables municipales es un avispero incontrolable e incontrolado, que los municipios son unos irresponsables manirrotos causa fundamental del aparatoso déficit público, que esta misma proliferación de centros de gestión es caldo de cultivo de corrupción y finalmente que en el mejor de los casos y suponiendo honestidad a la mayoría de munícipes lo que sí está claro para Miguel Herrero es que la complejidad de las cuestiones urbanísticas situa a los munícipes en un plano de incompetencia indiscutible.

Como se ve nunca nadie desde posiciones privilegiadas y responsabilidades eminentes habría dedicado tantas frivolidades gratuitas a una administración pública.

Conviene en seguida salir al paso de los que puedan pensar que el tono y contenido de mi réplica responden a una cerrada defensa corporativa del municipalismo. Me guía más bien, la voluntad de analizar los caminos para una mejor gestión de los intereses colectivos sin sacralizar, evidentemente, ninguna de las administraciones o magistraturas que los tienen encomendados.

Y en este sentido puedo adelantar que más que apuntar contra el mundo municipal sin fundamento convendría un análisis más global que redefiniera los ámbitos competenciales de las diversas administraciones y apuntara, en lo que al municipio respecta, a la reforma del sistema de financiación de los Gobiernos locales, a la reforma del mapa municipal y a la distribución adecuada de las competencias entre administraciones más en función de los intereses ciudadanos que de los intereses políticos y partidistas que aspiran a conservar parcelas de poder o a ampliarlas en un codo a codo entre la administración del Estado y las distintas administraciones autonómicas que deja a los municipios y todos los gastos supletorios que realizan completamente al margen y al pairo de las acometidas de todos lados.

Pero vayamos por partes.

1.- El Estado democratizador o los municipios escuela de democracia.

La afirmación de Miguel Herrero en este punto puede ser cierta para otros países. Sin embargo, las peculiaridades de la transición española no permiten atribuir ninguna precedencia aun a pesar de que transcurrieran cerca de dos años entre las primeras elecciones legislativas del 15 de junio de 1977 y las primeras municipales del 3 de abril de 1979. En realidad toda la oposición al franquismo, la propia transición y los esfuerzos por dar contenido y solidez al sistema democrático, han sido la auténtica escuela de democracia en el caso español. Con simultaneidad ayunamos democracia primero y la ejercimos y ejercemos después, en un ensayo común en todos los ámbitos de la vida pública. El Estado español no “ha intentado democratizar y sanear la vida municipal”. Estado, Autonomia, municipios han seguido y formado parte de un proyecto común. Atribuirle minoría de edad a una de las partes es mutilar el proyecto o pensar que a excepción del Estado, todas las demás partes se moldearan a capricho y según el cálculo de los “constituyentes”. Pero la Constitución lo es todo menos caprichosa.

2.- Controlar los municipios

Al peligro apuntado por Miguel Herrero sobre los peligros para el Estado de miles de centros de gestión administrativa y gastos autónomos sin control alguno, salvo el “lento contencioso-administrativo” habría que oponer la triste realidad, más peligrosa si cabe, de una auténtica red, una telaraña de controles, tutelas y cautelas que dejan muy poco resquicio para una autonomía y eficiencia reales. La superposición de redes administrativas, la creación de recortes competenciales a través de las leyes sectoriales, y la asfíxia económica atribuible a un deficiente sistema impositivo y de transferencias dejan poco margen para el desbarajuste apocalíptico que se pretende denunciar. La madurez de políticos y funcionarios, incluídos los de habilitación nacional, apuntan en sentido contrario.

3.- Municipios y déficit público

En el conjunto de los Presupuestos generales del Estado y en la ponderación del déficit público el papel de los municipios es cuando menos irrisorio. Si el objetivo es sanear habrá que mirar prioritariamente y certeramente otras direcciones (administración central, empresas públicas, comunidades autónomas) antes que a los municipios.

Si se reconoce que en la actualidad el déficit público se sitúa en torno a un 4,43% del P.I.B. y se fija como objetivo reducir esta proporción al 2 o 1% el impacto reductor del saneamiento municipal ha de ser forzosamente correlativo al peso real del déficit municipal en este 4% y todo indica que se sitúa en torno a magnitudes no superiores al 0,15%. También aquí ha habido un problema de puntería o un exceso de generalización.

4.- Municipios y corrupción

El abuso frecuente y generalizado de determinadas competencias se traduce según Miguel Herrero en un mal uso y en un semillero de corupcción.

Sobre más de 8.000 municipios, en cuantos casos, con qué cuantías, por qué procedimientos?

No va a resultar que salvo contadas excepciones la tupida red municipal habrá sido un auténtico baluarte contra la corrupción? Se podrán aducir casos, pero nunca se podrá demostrar que la brecha por la que se ha generalizado abusivamente sobre la existencia de corrupción en España es la vía municipal. La realidad lo desmiente a voz en grito.

5.- Incompetencia urbanística.

El mundo municipal clama por lo contrario de la reducción y concentración de competencias. Por la sencilla razón que la concentración de las competencias urbanísticas en las comunidades autónomas las convierte, más si cabe, en aleatorias, discrecionales y potencialmente contrarias al interés público.

Hace falta sin duda una idea general, planes regionales y sectoriales que han de definir la globalidad de los objetivos territoriales, y se pueden arbitrar, como es obvio, válvulas de seguridad.

Pero hoy nadie puede dudar de la eficacia y diligencia de los municipios españoles en el ámbito del urbanismo. Ellos han sido los artífices de una de las transformaciones más serias y más profundas que ha generado la España democrática.

Y esto en un contexto legislativo confuso, contradictorio y de una considerable inseguridad jurídica.

En realidad el mejor elogio dedicado a la actuación municipal en materia de urbanismo se deduce de las críticas vertidas por las más altas magistraturas del estado y de las comunidades autónomas que entendieron que a partir de 1979 se fue demasiado rígido y exigente en el contexto de la crisis económica y que en la euforia del crecimiento a partir de 1983 se estaba siendo demasiado permisivo. Si ahora que vuelven aires de recesión se pide permisividad de nuevo a los municipios será que la madurez municipal es muy superior a la que se desprende del artículo de Miguel Herrero, y que en general, y salvo contadas excepciones, se ha estado siempre en el papel que les correspondía.

A modo de síntesis y conclusión

En el fondo y a modo de conclusión elemental. Hay muchas cosas que modificar, sin duda, en el mundo municipal y en todas las administraciones. Pero si de sanear se tratara no parece que tenga sentido sanear el municipio tal como propone Miguel Herrero: amputarle competencias y concentrar los riesgos de corrupción en otras administraciones.

Por una sencillísima razón. El empeño por sanear debe extenderse a todas las esferas de la vida pública y de la vida social. Solo la aspiración global, con amplitud de miras, de sanear, impulsar la honestidad, combatir la corrupción, puede conseguir resultados plausibles a tenor de un diagnóstico que no admite dudas: la corrupción no se limita a la política y no admite fronteras competenciales o entre administraciones. En el fondo y a la vista de los casos que más se han aireado la estadística absoluta y no digamos ya la realtiva, exime a los municipios de todos los atributos negativos que, quizás con voluntad constructiva pero con poco acierto, les dedicaba Miguel Herrero de Miñón. En el futuro habría que afinar la puntería.

 

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2 Setembre 1992 Posted by | Altres, ARTICLES D'OPINIÓ, La Vanguardia | , , | Comentaris tancats a RÉPLICA A MIGUEL HERRERO